La importancia de la actitud ante las situaciones diarias

“Si no somos parte del problema no podemos ser parte de la solución. Y por tanto no tenemos poder para influir en los resultados.” Freddy Kofman.

¿Cómo os llega esta frase? ¿Habéis pensado alguna vez en cuál es la actitud que adoptáis para enfrentaros a las situaciones del día a día? Realmente, la manera cómo nos enfrentamos a las dificultades es la que marca la diferencia.

Podemos adoptar una actitud de víctima, realmente se hace difícil que encuentre opciones pues tiende a pensar que no hay nada que pueda hacer, que el problema no depende de él/ella y que no tiene capacidad de resolverlo. Culpa a los otros y a las circunstancias y hace uso de variables que no controla en lugar de centrarse en las que sí que puede (su comportamiento). ¿Cuántas veces habéis escuchado a alguien decir “esto no depende de mí”, “no hay nada que yo pueda hacer, la culpa la tiene…”, “es que, es que…?”

O bien adoptar una actitud de protagonista. En este caso, uno se centra en lo que sí que depende de uno mismo, busca las opciones que tiene para mejorar cada situación y se enfoca en lo que sí que está en sus manos y depende de uno mismo. Es capaz de reconocer que hay cosas que sí que dependen de uno y que sí que puede controlar al 100%. Cuando esto sucede, uno deja de poner el foco a fuera y en aquellas variables que no controla y se centra en lo que sí que depende de uno mismo. En definitiva, acepta la situación de la realidad en la que se encuentra y se ve con el poder de modificarla a través de sus acciones. Se responsabiliza de hacer que las cosas sucedan decidiendo en cada momento qué hacer y cómo hacerlo.

Pongamos un ejemplo muy sencillo y clarificador y en el que podamos ver cuando uno adopta una actitud de víctima o de protagonista: “En una partida de póker uno no puede elegir las cartas que le tocan pero sí que puede elegir cómo jugar la mano de cartas que le ha tocado.” Siguiendo con este ejemplo, si uno adopta la actitud de víctima, lo que hará es poner el foco en el reparto de las cartas, se quejará y lamentará diciendo que las cartas son muy malas y que con las cartas que tiene es imposible jugar y ganar la partida. Adoptando esta postura lo que obtendrá es una sensación de impotencia y el convencimiento de que no hay nada que él/ella pueda hacer. En cambio, si con el mismo reparto de cartas uno adopta una actitud de protagonista, lo que hará es elegir centrarse en lo que sí que depende de él (en este caso, cómo jugar la mano de cartas que le ha tocado), adoptar una actitud positiva y ser proactivo.

El camino para conseguir las cosas es tan simple como dejar de quejarnos de las circunstancias, escaparnos de las escusas, pensar en términos de “qué es lo que puedo hacer yo para…” y adoptar una actitud proactiva. En definitiva, trabajar sobre lo único que uno tiene influencia que es en uno mismo.